Llegar a la Luna o tocarla

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La Vanguardia
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(Spain)

LLEGAR A LA LUNA O TOCARLA

Un grupo de empresarios catalanes se ha propuesto unir esfuerzos para crear y enviar a la Luna un robot original, tomando parte en el concurso internacional Google Lunar X Prize, un certamen que premiará al equipo ganador con 20 millones de dólares. Los proyectos deben ser financiados mayoritariamente con capital privado (está bien que algo no dependa de las subvenciones) y el reto es culminar la misión antes del 31 de diciembre del 2012. La idea de alcanzar la misteriosa Selene no ha perdido su glamur a pesar de que recientemente hemos celebrado el cuadragésimo aniversario de la llegada del hombre a nuestro satélite natural. Los catalanes no queremos ser menos. Paradojas de nuestro tiempo y de nuestra tribu: puede que resulte más fácil darse un paseo por el espacio exterior que, por ejemplo, conseguir que la selección catalana de fútbol compita oficialmente. A la vista de esta casuística, es explicable que todavía queden almas escogidas que vuelven a desempolvar la idea de intentar reformar la Constitución en caso de que el Tribunal Constitucional tumbe el Estatut. ¿Cuándo aprenderemos de nuestros errores?
Mientras la política inmediata consiste en confundir la Luna con la luna de Valencia, y confundir el dedo con aquello que este señala, la gente sigue trepando a su manera, para tocar el cielo. Así lo hacen los castellers, una tradición viva que busca ahora el reconocimiento de la Unesco como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad. Gracias a los amigos Xavier Capdevila y Xavier Brotons, cronistas apasionados del mundo casteller, uno ha podido comprobar cómo los cas-tells son mucho más de lo que parece. Son, por ejemplo, un canal de integración cívica de primer orden, y un espectáculo sensacional que los visitantes ponderan más que muchos de nosotros. En manos de los estadounidenses, afirma Capdevila, las retransmisiones televisivas de las jornadas castelleras hoy ya serían un negocio global que tendría seguidores en los cinco continentes. Aquí todavía hay que explicar al provinciano de turno que el folklore que ignora es más moderno que su empanada mental. Al margen de lo que dicten en la Unesco, no hay duda de que los castells, con su riesgo y su belleza, han devenido el contrapunto irónico perfecto de la ciudadanía catalana, metida en un atolladero institucional de tres narices y sin capacidad ni voluntad de hacer piña.
Tocar o llegar a la Luna, la cuestión es no resignarse ni ser un muerto viviente. El tío Baixamar, que se despide respetuosamente hasta más ver, sigue queriendo pescar la Luna amb un cove antes de que le declaren fuera de la ley. Será que es un sentimental o que trata de ensanchar la democracia. Dado que lo suyo no es exactamente la política, milita en algo más básico: sonreír y evitar parecerse a sus adversarios, mala gente. Y mirar la Luna, de vez en cuando.cialis information